domingo, mayo 29, 2005

El enigma de la calle Blancs-Manteaux



El enigma de la calle Blancs-Manteaux.
Jean-François Parot.
Edhasa, 2005.
493 páginas. 22 euros.

Con este título comienza Edhasa la publicación de una nueva serie, protagonizada por el comisario Nicolás Le Floch. La editorial, especializada desde hace muchos años ya en la novela histórica, tiene en su haber varias subcolecciones que mezclan este género con lo criminal. Así, encontramos detectives que viven sus aventuras en la Roma republicana de Cicerón, en la Roma imperial de Vespasiano, en la Edad Media o, como el caso que nos ocupa, en la Francia prerrevolucionaria de Luis XV y madame de Pompadour. Por supuesto, cumpliendo la Ley de Sturgeon –“el 90% de todo lo publicado es basura”- en todo este batiburrillo de colecciones hay de todo, como en botica. Por suerte, esta nueva serie presenta visos de acomodarse en el exiguo 10% que merece la pena.

Al París de Luis XV, en febrero de 1761, llega Nicolás Le Floch, procedente de tierras bretonas, con una carta de presentación para el todopoderoso Monsieur de Sartine, teniente general de la policía parisina. Nicolás es un joven huérfano abandonado en las escalinatas de una iglesia que fue acogido por el canónigo François Le Floch, su tutor, y apadrinado por el marqués de Ranreuil, rico hacendado en su Bretaña natal.

Pronto, el joven va a iniciar una meteórica carrera que le llevara a codearse con lo mejor y lo peor del París del XVIII. Entre medias, una trama criminal y detectivesca con ramificaciones que llegan hasta las más altas esferas.

Jean-François Parot, el autor, es diplomático y especialista en el París dieciochesco, lo que se deja notar, y mucho, en el devenir de la novela. La trama criminal no deja de ser la misma historia que hemos leído ya cientos de veces. La trama histórica se adivina, pero no profundiza demasiado en ella (algo lógico, por otro lado, si esta va a ser una serie de varios volúmenes). Los personajes principales están bien definidos, pero se adaptan con facilidad a los roles a los que nos acostumbraron Dumas y sus secuaces hace ya tanto tiempo para este tipo de aventuras. Los personajes históricos están convenientemente retratados y perfectamente integrados en la trama. Pero el tratamiento que da a la ciudad de París, otro personaje más -si no el más importante-, de la novela, es ya otra historia. Aquí es donde el autor tiene su punto fuerte y lo sabe aprovechar con creces.

El libro está abundantemente trufado, sin ser por ello tedioso, con atisbos de la geografía del París de la época, de su miseria y su grandeza. Nos sumergimos en las costumbres de sus gentes de la mano del autor. Visitamos sus tabernuchas, sus prostíbulos, las grandes mansiones y las temibles mazmorras del Châtelet y de la Bastilla. De paso, se nos dan lecciones sobre los conocimientos médicos del momento, las fiestas populares, los métodos policiales y las torturas (estremecedora, a este respecto, la historia verídica que nos narra el verdugo Sanson, uno de los personajes de existencia real, posterior ajusticiador de Luis XVI) y un sinfín de otros datos que, insisto, para nada entorpecen el ameno fluir de la narración.

Parot se recrea en detalles truculentos. Numerosos son los pasajes en los que visitamos morgues, cementerios y mataderos. Las vívidas descripciones de estos últimos y de los infectos mercados parisinos de la época son quizá lo mejor de la novela. Podemos sentir, y hasta oler, sin forzar mucho nuestra imaginación, la pestilencia del pasado. La mayor parte de las novelas históricas parecen obviar que, hasta épocas muy recientes, la higiene era cuestión de minorías; las condiciones sanitarias, pésimas; la limpieza callejera, inexistente. Lo primero que debía llamar la atención de que aquel, que, como Nicolás Le Floch, llegaba de la campiña, era el miasma que envolvía a las grandes ciudades de entonces. Y el autor sabe retratar todo esto impecablemente, consiguiendo que nos transportemos con facilidad a la época en la que se mueve la trama.

Serie, pues, a seguir en sus sucesivas entregas.

1 Comments:

Blogger Hipona said...

Leí este libro por casualidad hace varios meses y me gustó mucho. En general, aborrezco la novela histórica por estar plagada de errores y por esa querencia del escritor a inventarse situaciones descontextualizadas. Sin embargo, he de decir que el comisario le Floch me ha conquistado. El libro de Parot está muy bien escrito y no cae en los típicos convencionalismos literarios.
Escribí a la editorial al poco de terminar la obra para preguntar cuándo saldría el próximo volúmen y me dijeron que en abril. Yo no me lo pierdo.

5:32 p. m.  

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