domingo, julio 03, 2005

La Isla del Tesoro








La Isla del Tesoro.
Robert Louis Stevenson.
Edhasa, 2005.
Biblioteca de la Aventura.
Ilustraciones de Carlos de Miguel.
315 páginas, 18,50 euros.


No se preocupen. No voy a tener la poca vergüenza de intentar pergeñar algo ni tan siquiera semejante a una crítica sobre este libro, cuando ya se han escrito sobre él ríos de tinta desde que su primera entrega apareciera en la revista juvenil Young Folks el 1 de octubre de 1881.

Permítaseme decir, tan sólo, que en mi relación con él no influye –no demasiado, al menos- la nostalgia que despiertan en nosotros aquellos libros que leímos siendo niños o adolescentes. No llegué a La Isla del Tesoro hasta mis veinte años, edad en la que aún puede deslumbrarte un libro, pero no con la luz cegadora que lo hace, por ejemplo, enfrentarte a D’Artagnan y sus amigos con doce años. En los casi veinte años transcurridos desde esa primera lectura, he tenido ocasión de releerlo varias veces más, incluida la versión en su idioma original. Y puedo decir sin temor a equivocarme que La Isla del Tesoro es la mejor novela de aventuras que se haya escrito jamás.

Considero que hay libros que hay que revisitar de vez en cuando. Son los menos, desde luego. En mi caso, no creo que lleguen a una docena y es seguro que cada lector tendrá su propia lista, en cuya confección influyen muchos motivos, entre los que la ya citada nostalgia ocupa un lugar bastante prominente. En la mía, además de La Isla del Tesoro, están cosas como El Señor de los Anillos, Los tres mosqueteros, En busca del tiempo perdido, Memorias de Adriano, El nombre de la rosa o Cien años de soledad. Un batiburrillo infame, como puede verse, que justifica con creces el nombre de este blog.

Mi vuelta a La Isla del Tesoro la ha provocado el dolor de cabeza que me asalta de un tiempo a esta parte intentando acertar con los libros que darle a leer a un hijo de nueve años que me sobrepasa con creces en ansiedad lectora. Tras pasar por El Hobbit, Las crónicas de Narnia, La guerra de los mundos, La historia interminable, y antes de caer en las garras del fenómeno Harry Potter, hemos atracado en La Isla del Tesoro.

Esta búsqueda de alimento espiritual para el churumbel me ha llevado a darme cuenta de dos cosas: una, ya apuntada, es que en ciertos libros supuestamente “juveniles” se encuentra la esencia de la Literatura con mayúsculas o, al menos, de la novela con minúsculas. Y, en segundo lugar, que vaya suerte tienen los enanos con las ediciones de sus libros de cabecera que aparecen en el mercado.

Como aficionado al cómic que soy, me apasiona también su primo cercano, la ilustración. Y las ediciones de libros juveniles tienen una ventaja enorme con respecto a los serios mamotretos para adultos: las maravillosas ilustraciones que acompañan al texto en muchos de ellos.

Entre mis últimos descubrimientos puedo citar una preciosa edición de los libros de la selva de Kipling con ilustraciones de Ana Juan, en Anaya; una selección de cuentos de piratas con dibujos de Ángel Domínguez, en Juventud; toda la línea infantil/juvenil que Valdemar está publicando solapadamente dentro de su colección Avatares y en la que encontramos joyas tales como El libro de los piratas, escrito e ilustrado por Howard Pyle, La Isla del Tesoro y La flecha negra con ilustraciones de N.C. Wyeth o un Peter Pan visto por Arthur Rackham; y la colección que alberga la edición de La Isla del Tesoro de la que estoy hablando: La Biblioteca de la Aventura, en Edhasa.

Por el momento, han aparecido cinco libros, todos ellos clásicos indiscutibles de la novela de aventuras: Las cuatro plumas, El capitán Blood, La Isla del Tesoro, El halcón del mar y La flecha negra.

Publicados con la calidad habitual en esta editorial, tienen dos valores añadidos: el precio, que oscila entre los 18 y los 20 euros, muy atractivo sin tenemos en cuenta que son ediciones en tapa dura, con un tamaño algo mayor al habitual y profusamente ilustradas (en comparación, los demás libros de la editorial rondan los 30 euros en la colección de novela histórica y sobrepasan muchas veces los 40 en la de ensayo), y, sobre todo, las ilustraciones. Las de La Isla del Tesoro y las de Las cuatro plumas son de un para mí desconocido Carlos de Miguel y tienen el encanto de estar hechas únicamente con el lápiz y ser de un sobrio clasicismo que casa muy bien con este tipo de aventuras.

La edición se completa con un breve relato que apareció en las Fábulas de Stevenson y que viene a ser algo así como el capítulo 32 y medio de la novela. En él, el sin par Long John Silver y el capitán Smollet mantienen una curiosa conversación sobre la "realidad" de la novela. Y, para terminar, se incluye un breve texto aparecido en El arte de escribir en el que el autor trata de las circunstancias y los azares que le llevaron a escribir este libro imperecedero.

Así que ya saben. Si tienen un hijo, sobrino, primo o cualquier otra excusa que les sirva para comprar este libro y, al tiempo que lo regalan, aprovechan para releerlo, estarán llevando a cabo sus dos buenas acciones del día. Ustedes se reencontarán con personajes y situaciones inolvidables y harán caer en las redes de Long John Silver a un nuevo e ingenuo grumete.