viernes, junio 17, 2005

Los que van a morir te saludan

.


Los que van a morir te saludan.
Fred Vargas.
Editorial Siruela, 2002.
Colección Nuevos Tiempos.
190 páginas.

Dentro de su colección Nuevos Tiempos, la editorial Siruela está publicando en la actualidad cuatro series de novela policíaca de una calidad más que notable.

La primera, en orden de aparición, es la protagonizada por el inspector Michael Ohayon de la policía de Jerusalén, escrita por la israelita Batya Gur. De las cuatro es quizá la menos original, ya que sigue el esquema clásico de las novelas de asesinato por resolver que vienen escribiéndose desde los tiempos de Agatha Christie. Como puntos fuertes, el hecho de que todos los casos se produzcan en ambientes académicos que la autora parece conocer muy bien y, sobre todo, el exotismo que aportan la nacionalidad de Gur y sus personajes (algo parecido a lo que ocurre con los casos del Inspector Wallander, del sueco Henning Mannkell, publicados por Tusquets). Hasta la fecha, se han publicado cinco novelas de esta serie.

La segunda es la que nos ocupa y volveré sobre ella más tarde.

La tercera es una auténtica delicia. Escritas por el italiano Giorgio Todde, las novelas protagonizadas por el médico forense Efisio Marini –embalsamador en sus ratos libres- transcurren en la rural y arcaica Sicilia natal del autor y son una extraordinaria mezcla de novela negra, personajes lampedusianos y humor a lo Calvino. Hasta el momento, han aparecido dos.

La cuarta y última en comenzar a publicarse es una serie escrita por la autora americana de raza negra Charlotte Carter y protagonizada por Nanette Hayes, saxofonista y detective aficionada que se mueve por los ambientes jazzísticos y los bajos fondos de la ciudad de Nueva York. Ha salido una novela hasta la fecha (El dulce veneno del jazz), de la que sólo puedo decir que tiene muy buena pinta y que me está esperando pacientemente en “the pila”.

Los que van a morir te saludan da comienzo a la serie de novela negra que, escrita por Fred (Frederique) Vargas, está teniendo un éxito arrollador entre los lectores gabachos. Al contrario que las otras tres series que hemos citado, ésta no tiene un único protagonista, sino que los personajes varían con cada nueva historia.

En Los que van a morir te saludan los protagonistas son tres jóvenes y brillantes franceses que estudian en Roma. De vida y costumbres bohemias y acostumbrados a codearse con las clases pudientes y cultas de la ciudad, desde estudiosos de la Biblioteca Vaticana hasta obispos de la curia, han adoptado la costumbre de llamarse entre ellos con los nombres de tres emperadores de la dinastía Julio-Claudia: Claudio, Tiberio y Nerón. Junto a ellos, completan el elenco de personajes el padre de Claudio, anticuario de éxito que aparece asesinado por oscuros motivos; su extraordinaria segunda esposa, de quien están enamorados los tres jóvenes; la hija de esta última y su tutor, amigo de la infancia de la madre y obispo en el Vaticano para más señas; y Richard Valence, una especie de “mister arréglalo todo” en el Ministerio del Interior francés, al que le cae encima la difícil papeleta de intentar resolver el caso antes que la policía italiana y que resulta estar más unido a los acontecimientos de lo que en un principio pudiera parecer.

Fred Vargas consigue llevar a buen puerto la historia utilizando para ello los recursos de la novela negra de toda la vida: personajes con oscuro pasado y psicológicamente tallados a cincel envueltos en una trama de misterio en la que nadie es lo que parece y ninguno es trigo limpio. No hay un protagonista claro y el lector difícilmente se identifica con ninguno de los personajes, todos ellos con recursos económicos y, sin embargo, completamente perdidos. La historia da varias vueltas de tuerca que en ningún momento resultan forzadas y concluye satisfactoriamente. Poco más se le puede pedir a este tipo de relato y, si algo es de lamentar es la decisión de la autora, por otro lado loable, de no retomar a los personajes supervivientes en posteriores historias.

viernes, junio 03, 2005

El ritual




El ritual.
Margaret Mahy.
Ediciones B, 1988.
Colección Vía Libre.
239 páginas.


Llegué a este libro gracias a la recomendación de una amiga y le estoy sumamente agradecido por ello, porque ha supuesto un verdadero descubrimiento.

Margaret Mahy es una escritora neozelandesa de la que no se puede decir que haya sido poco publicada en nuestro país, puesto que hay varios libros suyos dispersos en distintas colecciones de temática juvenil. Lo que sí ha sido, desde luego, es injustamente tratada. Si los demás tienen la calidad de El ritual, es una autora a seguir.

Laura vive en una pequeña localidad de Nueva Zelanda junto con su madre divorciada, y su hermanito de tres años, Jacko. Su vida sería tan rutinaria como la de cualquier otra adolescente del lugar si no fuera por un pequeño detalle: Laura tiene premoniciones que le avisan de cuándo algún suceso no deseado va a trastornar su vida. Aunque procura evitar que se cumplan, suelen ser tan irremisibles como el destino. Y su última premonición y el cuidado que pone en evitarla no impiden que un súcubo, bajo la apariencia de un inofensivo anticuario, posea a su hermanito y comience a absorber su vida poco a poco. Para que la asista en su lucha contra el súcubo, Laura decide pedir ayuda a Sorry, un joven de un curso superior al suyo del que Laura sospecha que es un brujo.

Con este punto de partida, Mahy construye una novela deliciosa de principio a fin en la que su tratamiento del fantástico recuerda no poco a otro grande del género: Jonathan Carroll. Al igual que éste, Mahy introduce lo insólito como en sordina, poco a poco y con total naturalidad. Lo fantástico está tan perfectamente imbricado con lo cotidiano que en ningún momento chirría la trama, ningún pasaje choca por muy fantasioso que pueda ser.

Margaret Mahy resulta ser, además, una escritora exquisita, con una preciosa narrativa, y sabe conjugar sin esfuerzo el desarrollo de la trama fantástica con una excelente caracterización de personajes, desde los adolescentes que comienzan a descubrir al sexo opuesto, hasta los adultos que, en el fondo, están tan perdidos como los adolescentes.

Por supuesto, me he lanzado sin pérdida de tiempo a la búsqueda de otros libros de la autora (sobre todo, de El catálogo del Universo, del que también me han hablado maravillas), pero hasta ahora he tenido poco éxito. La mayor parte está ya descatalogada y la preceptiva consulta en Iberlibro ha producido pocos frutos. Por el momento, seguiré acudiendo a la bien surtida biblioteca de mi amiga.