domingo, agosto 28, 2005

El Ciclo Barroco, Volumen I

Azogue
Neal Stephenson
Ediciones B
Nova Ciencia Ficción 164
398 páginas, 20 euros

El rey de los vagabundos
Ediciones B
Nova Ciencia Ficción 171
318 páginas, 20 euros

Odalisca
Ediciones B
Nova Ciencia ficción 173
359 páginas, 20 euros


Me consta por comentarios oídos en diversas tertulias que la evolución seguida por la narrativa de Neal Stephenson no es del agrado de muchos aficionados a la ciencia ficción. Cierto que es muy difícil encontrar, tanto en el Criptonomicón como en su precuela, El Ciclo Barroco, rastros del autor de Snow Crash o La Era del diamante. Yo, por mi parte, estoy encantado con el cambio, a pesar de que La Era del Diamante me pareció una novela sobresaliente. Por otro lado, es también cierto que El Ciclo Barroco, aunque impresionante en su ambición y dimensiones, es pura novela histórica o, si se prefiere, científico-histórica. No, desde luego, ciencia ficción. Nos encontramos aquí con un problema muy extendido y del que estoy deseando que hable cebra en su blog, donde ha anunciado una entrada dedicada al espinoso tema de los subgéneros en la ciencia ficción: o bien las tragaderas del género son infinitas, y eso nos llevaría al absurdo de que todo es ciencia ficción o bien hay obras a las que el hecho de que aparezcan en colecciones dedicadas al género no convierte en ciencia ficción. Yo, desde luego, me inclino por lo segundo. Y esto no pasaría de ser una discusión estéril más de esas que tanto gustan a los aficionados si no fuera porque tiene consecuencias muy claras: publicar este tipo de obras en colecciones dedicadas al género provoca que los que van buscando ciencia ficción salgan defraudados y no compren las continuaciones. Los aficionados a la novela histórica, por el contrario, van a dejar pasar una obra valiosa porque, salvo contadas excepciones en las que funciona el boca-oreja, no van ni a acercarse a las estanterías que lleven el rotulito de “ciencia ficción”. Problema este de muy difícil solución mientras siga gustándonos tanto poner etiquetas a todo.
Lo que voy a comentar aquí constituye el volumen uno de los tres en los que Stephenson ha dividido su Ciclo Barroco. En su versión original los tres volúmenes, de cerca de mil páginas cada uno, llevan los títulos de Quicksilver, The Confussion y The System of the World. En España, Quicksilver se ha dividido en tres tomos (Azogue, El rey de los vagabundos y Odalisca). The Confussion se ha publicado en dos partes (La Confusión 1ª y 2ª parte). Ignoro en cuántos tomos van a dividir The System of the World, pero me va a resultar muy difícil no caer en la tentación de echar unas pequeñas cuentas al final de esta entrada para reírnos un ratito o, mejor aún, llorar desconsoladamente por nuestros bolsillos.
De megalomaníaco se puede calificar el empeño de Stephenson en El Ciclo Barroco: novelar el nacimiento de la ciencia moderna y, de paso, todo el turbulento siglo XVII europeo. Tomando como personajes principales a los antepasados de los protagonistas del Criptonomicón y utilizando como nexo de unión al misteriosamente longevo Enoch Root, vamos a pasearnos por las principales cortes europeas del momento, por algunos de sus escenarios bélicos (estupenda la secuencia en la que Jack Shaftoe y Eliza -oriunda de esa isla de Qwghlm cuyo idioma no tiene vocales y en la que el protagonista del Criptonomicón, Lawrence Pritchard Waterhouse, vivía surrealistas aventuras-, se conocen en pleno levantamiento del asedio de Viena por la tropas del rey polaco Juan III Sobieski) y trabaremos conocimiento de primera mano de los principales científicos del momento, Newton y Leibniz entre ellos, y del paso gradual de la alquimia a la ciencia, cuyos contornos aún se entrecruzaban incluso en el pensamiento de figuras de la talla de Isaac Newton.
Utilizando hábilmente los personajes de los que dispone, recorremos todos los escenarios de la época en los que se estaban cocinando acontecimientos fundamentales para el destino de la Europa y el mundo modernos. Así, Daniel Waterhouse, puritano, científico y antepasado del Lawrence Pritchard Waterhouse del Criptonomicón, le sirve para contarnos la historia del devenir político en Inglaterra desde los tiempos de Cromwell hasta la restauración monárquica en la figura de Carlos II, su sucesión por Jacobo II y la Revolución Gloriosa, donde nos deja por el momento. Además, en su calidad de miembro de la recién fundada Royal Society, nos pone en contacto con todos los genios científicos de la época.
A Jack Shaftoe, soldado y vagabundo, antepasado del Bob Shaftoe del Criptonomicón, lo utiliza para recorrer una Europa convulsa por la amenaza otomana y la guerras religiosas, al tiempo que por la peste y el hambre.
A Eliza, por su parte, la usa como peón dentro de las cortes del Rey Sol y de Guillermo de Orange en Holanda.
Los destinos de todos estos personajes se entrecruzan en múltiples ocasiones a lo largo de los tres libros y, de vez en cuando, la llegada de Enoch Root y sus sibilinos comentarios (y este es quizá el único elemento fantástico de toda la trama, porque Enoch parece conocer por adelantado lo que va a suceder) empuja a alguno de ellos a seguir caminos que influirán decisivamente en acontecimientos históricos.
Sorprenden la documentación y erudición de Stephenson y la habilidad con la que va tejiendo un fascinante tapiz que promete mejorar en las sucesivas entregas. Poco o nada queda de sus experimentaciones con el lenguaje de sus anteriores novelas. Aquí se limita a ir al grano, a contarnos lo que quiere contar de la manera más llana posible, sin florituras, lo que no impide que la lectura sea interesantísima, tanto si nos está hablando del cálculo diferencial como si nos hace asistir a la sangría de un absceso en el real culo de Luis XIV.
La pérdida, esperemos que momentánea, de un autor como Stephenson para la ciencia ficción se compensa con creces por la envergadura del proyecto que está llevando a cabo y el resultado que está obteniendo en este empeño.
Unas palabritas, por último, relativas a cómo se está publicando el Ciclo en España, aunque sé que es un tema, el de Ediciones B, que ya se ha tratado hasta la saciedad. Pero, ¿qué quieren?, no puedo resistirme a echar un vistazo en Amazon y comprobar que los tres volúmenes del Ciclo, ¡en tapa dura!, salen a unos 18 euros cada uno. Aquí, si el último volumen lo dividen en tres partes, el total por toda la serie va a superar los 150 euros. Eso supone un aumento de más del 150% entre leerlo en su idioma original o adquirir la traducción. Ganas le entran a uno de intentarlo con el inglés. Y a todo esto se suma la política que sigue Ediciones B de saldar estos títulos a los dos años exactos de su publicación (comentaban ayer en una kdd cyberdarkiana que Materia celeste, publicado en mayo de 2003, se podía encontrar en algunos corteingleses de la periferia de Madrid a 3.95 euros) o editarlos en Byblos a unos meses vista de su salida en Nova. Una política que yo, lego en estos temas, estoy lejos de comprender, pero que vista desde fuera parece como si estuvieran tirando piedras contra su propio tejado.

jueves, agosto 25, 2005

El paralaje Neanderthal

Homínidos
Robert J. Sawyer
Nova Ciencia Ficción 177
Ediciones B
353 páginas; 19 euros

Humanos
Robert J.Sawyer
Nova Ciencia Ficción 179
Ediciones B
345 páginas; 18 euros

Híbridos
Robert J. Sawyer
Nova Ciencia Ficción 181
377 páginas; 18,50 euros



Desde que cayera en mis manos un primer libro de Robert J. Sawyer allá por el ya lejano año 2000 (Cambio de esquemas, La Factoría de Ideas) hasta hoy, mi opinión sobre las obras del "único escritor canadiense que vive exclusivamente de escribir ciencia ficción" ha seguido una curva descendente que ha tocado fondo con esta trilogía que le ha valido, por fin, el tan perseguido Hugo (perseguido por el señor Sawyer, claro, que ha llegado a extremos parecidos en su afán por hacerse con él a los tan hilarantes de Cela con el Cervantes).

Cambio de esquemas me pareció en su día una propuesta interesante, aunque ya con cierto tufillo bestsellero, y una lectura trepidante. Desde entonces, he leído todo lo que se ha publicado en España de este autor y, como digo, hoy en día lo tengo en mi clasificación particular dentro del cajón de la lectura de fácil digestión y olvido, acercándose rápidamente al destinado a los fulleros y tramposos.

El paralaje Neanderthal es un calco de la fórmula a la que Sawyer debe su éxito y que bebe descaradamente de la fuente en la que nacen los bestsellers. A saber: protagonistas situados dentro de la clase científica y tecnológica de la humanidad (y, en estos libros, también de la neanderthalidad); amplias disgresiones en las que los protagonistas se sientan ante una mesa para hablarnos de ciencia, antropología, religión y demás grandes temas, pero tratados con una superficialidad apabullante, no vaya a ser que el limitado cerebro del lector medio se nos sobrecargue; personajes limitaditos, limitaditos (jobar, con los científicos), que en ocasiones tienen la hondura intelectual de cualquier habitante de la casa de Gran Hermano; unas gotas de drama, preferentemente en forma de problemas en el matrimonio, enfermedades graves o violaciones; y todo esto envuelto en una trama de thriller en la que la excusa científica no es más que eso, una excusa.

Pero en esta trilogía, quizá debido a su extensión, Sawyer pierde completamente los papeles y ahonda hasta el paroxismo en los defectos de anteriores obras.

El punto de partida, la idea base, el McGuffin es, como siempre, interesante, aunque no excesivamente original: el descubrimiento de una Tierra paralela en la que el homo sapiens se extinguió y el homo neandertalensis prosperó. Los neanderthales, que resultan ser una especie de hermanitas de la caridad comparados con nosotros, los autodestructivos homo sapiens, habitan un mundo idílico, utópico, en el que las decisiones en bien de la comunidad son tomadas por consejos de ancianos y las taras físicas y psiquícas han sido erradicadas de la sociedad gracias a una inteligente política de castración selectiva (en serio). Además, los neanderthales resultan ser tan buenos porque toda su vida, desde el momento en que nacen hasta que mueren, es grabada, cual show de Truman a lo neanderthal, por medio de unos implantes de lo más chulo que se les colocan al nacer. Por supuesto, para evitar que todo bicho viviente pueda verte recién levantado como si tal cosa, sólo se permite que sea el consejo de ancianos y bajo circunstancias extraordinarias el que acceda al archivo de la vida de un ciudadano neanderthal. Esta sociedad que a poco que nos descuidemos bordea el fascismo o, cuando menos, el paternalismo gubernamental más recalcitrante, es la que Sawyer pretende vendernos como idílica.

No voy a entrar en cómo Sawyer ha montado la sociedad neanderthal porque, a poco que uno indague, se da pronto cuenta de que no se sostiene por ningún sitio. Baste decir que está ahí sólo como contraste con lo malos que somos en esta Tierra y lo bonita que podía haber sido si aplicáramos las teorías del autor.

El primer libro se hace más llevadero porque es el que sienta las bases de la trama y tiene el aliciente de ir descubriendo las peculiaridades de los neanderthales, pero el segundo y el tercero son meros anexos, alargamientos de algo que falla en su misma base y, por tanto, superfluos. Sawyer juega sin complejos con todos los clichés del bestseller más adocenado y, así, en la trama aparecen, uno detrás de otro, el drama judicial tipo Estrenos TV, la indagación detectivesca que, tras tropocientas páginas de suspense, se soluciona ¡oliendo una bragas!, la conspiración en la sombra tipo Expendiente-X y unas paginitas de sexo explícito interespecies con las que te ríes pero bien.

Junto a esto, páginas y páginas de "divulgación", en la que sesudos científicos hablan como niños de párvulos para hacernos accesibles temas como la mecánica cuántica, la paleoantropología, las creencias religiosas y la biología. (Y, señor Barceló, no venda por ello a Sawyer como el sucesor de Asimov, porque el Buen Doctor siempre tenía muy claro cuándo estaba "divulgando" y cuándo simplemente entreteniendo al personal. Sawyer, no).

¿Con qué me quedo, pues, tras casi mil páginas de paralaje Neanderthal? Pues con la facilidad con que se leen los libros de Robert J. Sawyer, excelentes como lectura veraniega para dar descanso a la neurona, y con la traducción de Rafa Marín, que este sí que no falla nunca.